¿Viajar a otras realidades o fundirnos en esta realidad?

Conferencia de Chamalú a sus discipulos dictada en la Komunidad de Bolivia

Vamos a imaginar todo en términos de energía, como nos lo presenta la física cuántica y como decían los abuelos indígenas, todo es energía, todo es uno, todo está vivo y lo que ocurre, básicamente es un intercambio de energía. Cuando nos alimentamos tomamos energía, cuando interactuamos con otra persona, estamos también haciendo un intercambio de energía, cuando aprendemos dado que el conocimiento es energía, estamos tomando energía.

Somos un campo energético como más bien disuelto en un océano de energía, como una gota de agua en el mar, no estamos separados. Ese campo de energía tiene un metabolismo, tiene un orden, una coherencia, un norte, y una misión, de manera que lo que hace falta, es que cada gotita energética que somos reconozca lo que tiene que hacer para reintegrarse en la unicidad de la que es parte y a la cual no tiene consciencia mientras no se despierta.

El ritual es una manera de dialogar con las otras realidades, donde está instalada la unicidad, la unicidad siempre la vamos a entender multidimensionalmente, no como algo parcial, la unicidad es abordable en otro estado de consciencia, no ordinario, no habitual. La unicidad es posible de comprender extraracionalmente a partir de estados de pureza y plenitud, que nos habilitan, que son como las naves espaciales que nos trasladan a esas otras realidades que también están aquí.

En la medida en que reconozcamos nuestro potencial místico, estaremos en condiciones de hacer esos viajes energéticos. Es como cuando dormimos, viajamos, energéticamente visitamos otros mundos que también están aquí y hablamos con personas de otras dimensiones. Todo esto energéticamente es posible, más aún ahora que la ciencia reconoce que es el tiempo en el que vivimos es sólo válido en este plano, fuera de esta dimensión el tiempo no existe, están separados articularmente tiempo y espacio.

El crecimiento por tanto no es más que el proceso de darnos cuenta de lo que somos, de dónde estamos y lo qué vinimos a hacer, y disfrutarlo, ya que esta es una experiencia única con estas características. No podremos tener otra oportunidad como esta.

Todo esto hace falta trabajarlo a dos niveles, uno de ellos en el plano personal, y otro a nivel social, que es la suma de los campos energéticos individuales interactuando de mejor o peor manera, por ello una ciudad puede ser una peligrosa experiencia de caos energético, más aún porque en las ciudades se ha olvidado el dialogo energético con la madre tierra, dialogo energético es por ejemplo un ritual, que nos permite dialogar con la Pachamama, una danza grupal, que será un diálogo con el otro, energético, o un proceso introspectivo, que será un diálogo con el alma, con nosotros mismos, con nuestra profundidad.

Todo es energía, por tanto, el aprendiz está maravillosamente condenado a realizar un buen manejo de su energía, en la perspectiva de su crecimiento y sin olvidar que el otro también existe y que la matriz energética es la madre tierra, que es un referente fundamental, es como la representación de todo el universo, que a su vez es un gigante viviente, como un flujo pulsatil infinito del cual somos parte.

Todo es energía, todo es intercambio de energía, incluso la sola intención ya está revelando un intercambio energético en la medida en que haya un emisor y un receptor, que puede ser incluso un animal, una montaña o un árbol. Nos están decodificando constantemente, por tanto todo lo que hacemos, sentimos o pensamos afecta a todo el universo, repercute en todo el universo, a su vez el universo nos influye.

Y de ese intercambio ocurre la vida, manejarlo con lucidez es deber de todo aprendiz. Pachi.

 
volver al listado